San Alejo

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Oración a San Alejo

Muchos han escuchado a hablar de la oración a San Alejo, pero pocos saben mucho acerca de este santo tan popularmente adorado en muchas tierras. Aunque se le conoce como San Alejo, popularmente se le conocer también como San Alejo de Roma o San Alejo Mendigo. Todos los datos de su vida se pueden encontrar en el famoso poema del siglo XI llamado Vie de Saint Alexis.

En el poema anteriormente mencionado, se cuenta la historia de Alejo, que resulta ser el hijo único de un conde romano. Alejo, según la historia, termina accediendo al matrimonio que le impone su padre, pero, la noche de su boda decide abandonar a su mujer para dedicar su vida entera a la religión y la fe. Logra huir hasta Edesa, donde, después de haber repartido todo su dinero con los pobre y mendigos que ahí se encontraban, se convierte en uno más de ellos, un mendigo, durante diecisiete años. Debido a que nadie lo reconoce en el poblado de Edesa, Alejo logra vivir una vida perfecta para él por su humildad y ardua penitencia constante en el atrio de la Iglesia de Santa María, donde se encontraba una imagen de Cristo. Después de todos esos años, llegan varios sirvientes de sus padres a buscarlo, que, aunque le dan limosna a Alejo, estos o lo reconocen.

Después de los diecisiete años de ser un mendigo, se le aparece una imagen de la Virgen María, que le invita a entrar a su templo. Como resultado, Alejo adquiere fama y decide huir nuevamente, pero a Roma. En roma vive durante otros diecisiete años, donde sufre de primera mano las crueldades de sus anteriores sirvientes y es testigo del dolor de la familia por su anterior desaparición, aparte de tampoco ser reconocido. Pasa el resto de su vida viviendo en su casa como mendicante, mientras les enseñaba catecismo a los niños locales. Al final de la historia, Alejo escribe toda su historia en un pedazo de papel, donde explica haber abandonado la boda para poder consagrarse por completo a Dios, siendo su padre el único en agarrar el pedazo de papel y quedándose sorprendido al ver todo lo que Alejo había escrito y darse cuenta que se trataba de su hijo todo ese tiempo.

Oración a San Alejo

¡Oh, tú, gloria de la nobleza romana y verdadero amante de la pobreza e grandiosidad de Cristo!
¡Oh Alejo, puro y bendito! que en la flor de tu juventud,
por querer obedecer a la inspiración de nuestro Señor,
dejaste a quien sería tu esposa
y saliste como un segundo Abraham de la casa de tus padres,
y habiendo repartido todo lo que llevabas con los pobres,
viviste como pobre y mendigo
durante tantos años desconocido
y menospreciado.
Tú fuiste regalado y favorecido por la
Virgen María nuestra Reina y señora,
y huyendo de las alabanzas del hombres,
volviste por instinto de nuestro señor
a la casa de tus padres
que por su voluntad habías dejado hacía tanto,
para darnos todos esos ejemplos de humildad,
de paciencia, sufrimiento y constancia,
y para triunfar de ti y todo el mundo
con un género de victoria tan nuevo, tan propio y tan glorioso.

Pues,
Tú ¡oh santo bienaventurado!
Tan Rico y tan pobre,
Tan noble y tan humilde,
Sin ser casado y puro,
llorado siempre por tus padres,
maltratado de tus criados,
desestimado por el hombre
y honrado por los ángeles,
abatido, solo en el suelo y ascendido en el cielo,
yo te suplico, San Alejo dulcísimo,
que por tus merecimientos y oraciones puras
yo alcance del Señor la virtud de la perfecta castidad,
de obediencia,
y gracia para vivir como hombre peregrino de su patria,
y desconocido y muerto al mundo.
Amén.